Ciudad de México — Durante su reciente visita a Oaxaca, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, restó importancia a las manifestaciones y abucheos registrados durante el acto de inauguración del tramo del tren interoceánico en la región del Istmo. Según la mandataria, lo sucedido no representa un clima de molestia mayoritario, sino un episodio aislado que no “afecta” el ánimo de la gente.

La jefa del Ejecutivo federal aseguró que el evento contó con un “grupo muy feliz” de asistentes y miles de personas que recibieron con entusiasmo la ocasión. Aun así, reconoció que un pequeño número —alrededor de 70 personas según reportes— entorpeció el acto, aunque lo calificó como “una interrupción mínima” dentro de una agenda que reunió cerca de 4 000 personas.

Sheinbaum señaló además que ese tipo de manifestaciones han sido sobredimensionadas en redes sociales y medios. “Hace todo un cuento, la verdad no afecta porque la gente sabe de la alegría por haber recibido el Interoceánico”, expresó en su conferencia matutina.

Pese a las expresiones de inconformidad, la presidenta subrayó que la mayoría de los asistentes mostró respaldo al proyecto y que el gobierno federal continuará informando sobre sus obras y acciones. Su postura es clara: reconocer que existen protestas, pero relativizar su impacto frente al conjunto de la política pública y la agenda de infraestructura en la zona.

El episodio plantea dos lecturas. Una, que al menos en este acto, el Gobierno busca transmitir gobernabilidad y normalidad frente a la protesta social. Y otra, que el descontento, aunque minoritario en ese contexto, sigue siendo visible y exige atención política para evitar que se convierta en un problema mayor. La respuesta de la presidencia indica que, por ahora, opta por bajar la tensión.

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