No existe una fecha marcada en el calendario, pero en Oaxaca todos saben que, cuando las primeras tormentas de la temporada golpean la tierra reseca, la madrugada siguiente pertenece a las chicatanas. Este fenómeno ocurre solo una o dos veces al año, generalmente entre finales de mayo y mediados de julio. Alrededor de las cuatro de la mañana, tras una noche de lluvia intensa, las reinas de las hormigas arrieras emergen de sus nidos subterráneos para realizar su vuelo nupcial, un espectáculo natural tan breve como esperado.

Con las primeras luces del día, cientos de personas salen de sus hogares para recolectar las chicatanas que, horas después, se convertirán en uno de los manjares más apreciados de la gastronomía oaxaqueña.
Un legado prehispánico que sigue vivo

La historia culinaria de la chicatana es profunda y milenaria. El Códice Florentino ya registraba su consumo, valorado por las culturas mesoamericanas como una fuente concentrada de energía y un regalo de la tierra. Lo que alguna vez fue parte de la economía de subsistencia hoy ha trascendido fronteras, llegando incluso a las mesas de la alta cocina internacional.

Su preparación tradicional continúa siendo un ritual: se limpian retirando alas y patas, se tuestan en comal de barro con sal y luego se muelen en metate junto con chile, ajo y tomate para dar vida a la emblemática salsa de chicatana, una mezcla compleja de notas ahumadas, tierra mojada y frutos secos.
Un producto escaso y cada vez más valioso
La recolección manual y su corta temporada han convertido a la chicatana en un producto altamente cotizado. En redes sociales, una bolsa puede alcanzar precios de varios miles de pesos. En Puerto Escondido, este viernes 5 de junio, el kilo llegó hasta los $1,500 pesos.

Ese mismo día, cientos de chicatanas aparecieron en calles de la ciudad de Oaxaca, un hecho poco común en zonas pavimentadas. En comunidades rurales, familias enteras aprovecharon la madrugada para recolectarlas, manteniendo viva una tradición que se repite cada temporada de lluvias.

Las chicatanas, grandes hormigas que emergen solo una vez al año, siguen siendo un símbolo de identidad, memoria y sabor profundamente oaxaqueño.
