Oaxaca de Juárez, Oax. —Desde su inauguración formal el 4 de febrero de 2024, la autopista Autopista Barranca Larga–Ventanilla prometía transformar la conectividad entre la capital de Oaxaca y la costa: 104.3 kilómetros, varios puentes, túneles y viaductos, reducción del tiempo de traslado de más de seis horas a apenas dos horas y media, y un impulso al turismo y al comercio regional. Sin embargo, poco más de año y medio después, la vialidad —con una inversión final que rondó los 13,182 millones de pesos— enfrenta una creciente ola de siniestros que ha encendido las alertas.
En marzo de 2024 ya se documentaron dos accidentes en un solo fin de semana, incluida la volcadura de una pipa de gas en el kilómetro 85. A lo largo de 2024 y hasta 2025, autoridades federales habrían registrado “más de 60 percances” en el tramo, según reportes periodísticos.

El problema más grave ocurrió el 17 de noviembre de 2025, cuando un choque entre un autobús de pasajeros de la línea ADO y un tráiler cargado de cemento dejó al menos tres personas muertas y diez heridas, según los primeros reportes. Otro accidente, apenas el 3 de noviembre, provocó un deceso y seis lesionados, entre ellos tres menores.

Las causas atribuidas a estos incidentes coinciden: deslaves, acumulación de lodo y piedras, taludes inestables y falta de mantenimiento. Situaciones que —según conductores, transportistas y vecinos— ya se habían previsto durante la construcción, pues la vía atraviesa zonas montañosas propensas a deslizamientos.
Autoridades de la región han reconocido que, ante las lluvias recientes, se han impuesto cierres intermitentes y desvíos, mientras cuadrillas de limpieza de CAPUFE intentan remover los escombros acumulados. No obstante, usuarios y transportistas exigen un programa formal de mantenimiento, estabilización de taludes, señalización adecuada y supervisión constante —lamentan que una vía cobrada como de “primera” esté mostrando múltiples fallas estructurales y de seguridad.

El escenario no augura mejoras automáticas: se aproxima un periodo vacacional, con un mayor flujo vehicular hacia las playas oaxaqueñas. Ante ello, la pregunta que muchos ya se hacen es inevitable: ¿se repetirá la tragedia?

Mientras tanto, familiares de víctimas y habitantes de comunidades en la Sierra piden a las autoridades responsabilidad: que se cumpla el compromiso de ofrecer una vía segura, que honre la inversión millonaria y que permita, como se prometió, acercar la costa al mundo —pero sin poner en riesgo vidas humanas.
